Día a día veo el odio de mujer a mujer. Y es que estamos programadas para odiarnos, a nosotras mismas y a las demás. Y lo peor es que tenemos éxito. Nacimos para odiar a nuestros cuerpos. Nos prepararon para dormir con nuestros defectos y nunca abrir los ojos ante nuestras virtudes. Y lo peor es que nos sentimos cómodas bajo el odio, bajo el estereotipo de lo que nunca vamos a llegar a ser, porque siempre es más fácil vivir atrás de una imagen inalcanzable que aceptar todo lo que somos, que amar todo lo que estamos siendo. Y lo más triste es que no lo notamos, estamos tan inmersas dentro de un mundo de fantasía en el cual sólo lo estereotipado es lo correcto que dejamos fluir este tipo de cosas como naturales. Es la misma sociedad la que nos hace ponernos en contra de nosotras mismas, nos hace ver a nuestro cuerpo como el pecado.
Pero es hora de aceptar que mi cuerpo, como todo lo que ves de mí, es mío, me pertenece. No es de mi mamá (eso cambió en el segundo en el que me trajo al mundo) ni mucho menos es de algún hombre que haya estado conmigo, es sólo mío. Sólo yo puedo decir qué está bien en él y qué no lo está. Mi cuerpo es mío y yo elijo qué hacer con él. Y por eso tengo derecho a enojarme si me mirás como si fuese un objeto, porque es a mí a quien mirás, porque es a mí a quien hacés sentir incómoda. Tengo derecho a mis kilos de más, a mi celulitis o a mis estrías, tengo derecho a mis ojeras, a mi malhumor y a mi enojo; tengo derecho a valorar mi belleza, mi inteligencia, mi viveza y mi sagacidad. Tengo derecho a abrazar todo lo que soy.
También es hora de aceptar que el cuerpo de la mujer que está lado mío es de ella misma, que puede decidir qué hacer y qué no hacer con él, que yo no tengo derecho a juzgarla por todo lo que hace y que sí tengo que aprender a conocerla por lo que es. Ella se levanta todas las mañanas con las mismas inseguridades que yo, el espejo es la peor de sus luchas, junto con encontrarse a sí misma dentro de lo que se supone que debería ser. Todo le cuesta tanto a ella como a mí. En vez de odiar a una mujer feliz consigo misma, deberíamos tomar el ejemplo de ella y seguir sus pasos.
Nuestro potencial es infinito. El odio y la misoginia nos arrastró por años y años, pero está en nosotras romper esas barreras y salir adelante, está en cada una aprender a amarse, a una misma y a las demás.